Casi mil y una noches con Fausto.
Irene cree que las relaciones amorosas son complicadas pero vive con Fausto desde hace más de 2 años, no tiene la comunicación que desearía en una relación pero no le gusta dormir sola.
- Carmelita, ¿me puedes subir un café por favor?
- Sí Licenciada, en un momento.
Irene trabaja en una multinacional de carnes frías, es gerente de comercialización para el canal detallista, aunque trabaje 12 horas diarias le parece excitante. Hoy hay una convivencia con los empleados por la noche, pero es viernes y todos los viernes tiene un compromiso con Fausto.
Suena su celular, nota que son la 1:15 pm al contestar.
- Lic. Quijano como está usted, habla el Negro, para confirmar el pedido de esta semana, ¿cómo va a ser?.
- Igual que como ha sido los últimos dos años Negro, usted ya sabe cómo lo necesito – contesta con tono de fastidio- ¿algún contratiempo?.
- Lo que pasa Lic. Quijano, es que tengo problemas con el peso, se pasa por 10 kilos y pues es un poco más caro porque me cuesta más trabajo cargarlo y pues quería preguntarle si cómo quiera se lo llevo.
- Por supuesto Negro, pero para la próxima semana le pido que respete las especificaciones que le di al principio. Lo espero puntual.
Ha pasado casi media hora desde que le pidió el café a Carmelita, de seguro estará platicando con las demás secretarias, es irremediable.
- Lic. Irene, puedo pasar.
- Adelante Carmelita, ¿qué paso, por qué tardo tanto?.
- Ah, es que ya sabe, Chayito la secretaría del señor Gutiérrez tiene
problemas con el marido y pues empezó a llorar y ni modo de irme
licenciada, porque….
Carmelita continúa hablando de Chayito, Irene observa el placer con que su secretaria habla de la vida marital de su compañera.
- … cómo ve?– dice Carmelita hablando tan rápido que casi no tiene tiempo de respirar- Y usted Licenciada cómo durmió ayer?.
- Mal carmelita, Fausto tiene los pies muy fríos.
- Ay Licenciada, usted siempre dice lo mismo. A ver cuando conocemos al
Sr. Fausto, todos queremos conocerlo, ahora sí que lo único que sabemos
es que tiene los pies bien fríos, ¿lo va a llevar hoy en la noche al
convivió?.
- No Carmelita, a Fausto no le gusta salir.
- Pero…
- Carmelita, tengo mucho trabajo, gracias por el café que para variar está frío, es mi destino –dice con sarcasmo- estar rodeada de cosas frías.
Suena el timbre de su casa, las 10:00 p.m., El negro siempre tan puntual- piensa mientras sonríe. Irene acaba de llegar de su trabajo. No podía salir hasta no estar segura que todos los envíos habían llegado bien y a tiempo. Fue un día pesado pero no le importa, siente un extraño placer cuando piensa en las toneladas de carnes frías llegando a sus destinos. Además hoy nada importa, hoy es viernes, no hay día más feliz para ella y para Fausto que el viernes.
- Lic. Quijano, cómo está usted, ya le traigo su entrega, ¿se la dejo en el
su cuarto como siempre?.
- Si Negro, hoy no alcance a meterlo en la bolsa – le grita Irene mientras abre la puerta trasera, pensando que hizo muy bien en acondicionar esa entrada, así es más fácil que el Negro descargue - pero la bolsa está ahí juntito, para que te lleves el de la semana pasada. Voy por tu cheque, déjalo sobre la cama.
- Ya sabe Negro, con este cheque también le pago su discreción.
- Claro- dice el Negro mientras regresa del cuarto y toma el cheque que Irene tiene en su mano extendida- Muchas gracias, nos vemos la próxima semana.
Irene cierra la puerta y sonríe. Por fin ella y Fausto solos.
Está feliz, decide cambiar su Armani por un negligé azul cielo, se siente más bonita que nunca y quiere que Fausto la vea hermosa, hoy es viernes.
Va a su cuarto. Sobre la cama Fausto la espera. Como todas las semanas ella saca el cuerpo inerte pero aún fresco de la bolsa donde el Negro se los trae. Otro Fausto más, otro Fausto que la acompañara está semana. Tiene los pies fríos pero no importa, a ella no le gusta dormir sola.
Octubre 2000.
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